Tres maneras de nombrar un conflicto

Durante décadas, la pregunta sobre si los medios pueden prevenir o transformar un conflicto se respondió mirando radios en países recién salidos de la guerra y un puñado de organizaciones internacionales: Search for Common Ground, Fondation Hirondelle, Internews. Esos ejemplos siguen siendo válidos pero ya no alcanzan. Hoy el conflicto también ocurre en un feed. Ocurre en países que firmaron la paz y no terminaron de implementarla. Y ocurre en regiones donde, sin guerra declarada, hay agresiones hacia periodistas al ritmo de una zona de combate.

Miré tres iniciativas que responden a esas realidades nuevas. No las elegí por ser las mejores, sino porque cada una define el conflicto de una manera distinta. Y esa definición —más que el presupuesto o la tecnología— es lo que determina qué puede y qué no puede hacer cada una.

El conflicto como propiedad de la infraestructura

Build Up es un colectivo transnacional cofundado a mediados de la década pasada dedicado a "transformar el conflicto en la era digital". Su herramienta principal es la Huella de Polarización, que pilotearon en Kenia en 2025: mide la polarización afectiva —la división que corre por emoción e identidad, no por desacuerdo sobre asuntos concretos— rastreando tres cosas en los feeds que los participantes comparten voluntariamente: lenguaje deshumanizante en las publicaciones, ausencia de réplica en los comentarios, y qué tan encerrado está cada usuario en su burbuja. El nombre es deliberado. Igual que una huella de carbono, trata la división como un costo oculto de plataformas diseñadas para maximizar la interacción. El dato que dejó el piloto keniano: el usuario promedio de X en ese país pasa hasta veintiún minutos diarios interactuando con contenido que ataca a grupos identitarios.

Lo que esto supone es un desplazamiento de fondo. La literatura clásica sobre medios y paz asume audiencias que reciben mensajes, y por eso discute qué mensaje emitir. Build Up sostiene otra cosa: que la división se produce por diseño, independientemente del mensaje (la plataforma digital genera la división como línea base). Es la violencia estructural de Galtung trasladada a la arquitectura de las plataformas.

El punto ciego viene con la definición. Si el conflicto está inscrito en el diseño, la solución también lo está —y el diseño se cambia con regulación, no con investigación. Build Up publicó su metodología completa y en código abierto a fines de 2025, lo que es más de lo que hacen casi todos. Sin embargo, medir la polarización no es lo mismo que abordarla o resolverla; las transformaciones sistémicas de los conflictos requieren integración institucional desde lo legal, político y económico. La metodología de Build Up es una herramienta de diagnóstico y en eso, un esfuerzo notable. La solución depende de las plataformas de gobernanza y regulación - definiciones que van mucho más allá del control de cualquier ONG.

El conflicto como condición del oficio

Periodistas de a Pie nació en 2007 en Ciudad de México, fundada por un grupo mayoritariamente de mujeres periodistas —entre ellas Marcela Turati y Daniela Pastrana— con un objetivo: mejorar la calidad del periodismo de investigación sobre temas sociales mediante talleres e intercambio de técnicas.

El asesinato de Armando Rodríguez, reportero de El Diario en Ciudad Juárez, en 2008, cambió la organización. La red pasó a la protección: capacitación en seguridad física y digital, respuesta coordinada ante amenazas, protestas nacionales en 2010. Pastrana ha resumido las condiciones sin adornos: entre 2000 y 2017, ochenta y dos periodistas asesinados y diecisiete desaparecidos.

Dos cosas la hacen singular. Practica periodismo de paz en un país que nunca ha sido designado formalmente como zona de conflicto armado, pese a la violencia sostenida ligada al crimen organizado, la militarización y la connivencia estatal. Y funciona como red horizontal conducida por periodistas, no como organización financiada y dirigida desde afuera. Eso la acerca a lo que Clemencia Rodríguez encontró en las comunicadoras comunitarias colombianas: la fuerza viene de la agencia local.

Ahora bien, si el conflicto es lo que le ocurre a quien lo cuenta, entonces la intervención protege al mensajero —y proteger al mensajero no toca lo que produce la violencia. La impunidad, el crimen organizado y la debilidad institucional quedan intactos. Vladimir Bratic lo formula de manera general: los medios de paz funcionan cuando están respaldados por una red más amplia de instituciones, y fallan cuando se les pide reemplazarla.

El conflicto como problema de memoria

Romper el Silencio se gestó en 2019 entre Fundación Imaginario, Citurna Producciones y CILA junto a la Comisión de la Verdad colombiana, creada por el acuerdo de 2016 con las FARC. Se lanzó en julio de 2024, después del informe final: más de ochenta piezas —serie documental, podcasts, kits pedagógicos— dirigidas sobre todo a estudiantes de doce a diecisiete años, con módulos que replican las categorías de la Comisión: Reconocer el pasado, Insurgencias, Paramilitarismo, Fuerza Pública, Justicia.

La apuesta es explícita: llevar los hallazgos de una comisión de verdad a adolescentes mediante entretenimiento educativo, para formar la memoria colectiva antes de que se instalen las narrativas que compiten con ella. Lisa Laplante advierte que los medios nunca son neutrales en la recuperación postconflicto; en contextos polarizados pueden avivar la tensión con la misma facilidad con que la alivian.

Un proyecto que difunde el relato de una institución hereda la legitimidad disputada de esa institución. En una Colombia donde se cuestiona a la Comisión y continúa la violencia contra líderes sociales y excombatientes, el proyecto será leído como parcial por una parte del país, cualquiera sea su intención pedagógica. Laplante documentó ese patrón antes, en los juicios de Perú y Guatemala.

El muro donde se detienen los tres

Un modelo analítico y tecnológico. Un modelo profesional y protector. Un modelo institucional y pedagógico. Tres respuestas distintas y un límite común: ninguno alcanza aquello que lo condiciona. Diagnostican, protegen, enseñan. No transforman.

El financiamiento es la parte más reveladora, porque atraviesa a los tres. Un informe de junio de 2025 de Internews Europe, BBC Media Action y Free Press Unlimited documentó que más del 75% del apoyo de donantes a medios latinoamericanos entre 2020 y 2024 provino de fondos estatales estadounidenses, y que su colapso afectó al menos a sesenta medios en veintidós países. La plataforma que distribuía Romper el Silencio congeló contenidos en marzo de 2025 por esa razón. Marie-Soleil Frère había medido antes lo mismo en Burundi, donde el financiamiento externo llega al 85% del presupuesto de los medios privados.

La conclusión no es que estas iniciativas sobren. Es que la infraestructura que sostiene la comunicación para la paz en América Latina no es nuestra.

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