Quién puede declarar la paz
En 1520 Magallanes cruzó el Mar del Sur y lo rebautizó Mar Pacífico. Cinco siglos después, el primer ministro de Fiyi, Sitiveni Rabuka, pidió a los líderes de las islas reclamar ese nombre y convertir la región entera en un "Océano de Paz". El Foro de Islas del Pacífico adoptó la declaración en septiembre de 2025. Rabuka encabezó un golpe de Estado en 1987, se autoproclamó jefe de Estado y suspendió la Constitución.
Ahí está lo que hace interesante a este artículo. Siete investigadores rastrearon 97 discursos oficiales de Rabuka —244 menciones de la palabra paz, veinte discursos dedicados al Océano de Paz— y sumaron veinte sesiones de escucha en Suva con jefes tradicionales, iglesias, militares, policía, universidades, medios y diplomáticos de diez países. No estudian la paz del Pacífico. Estudian cómo se la nombró hasta convertirla en política pública.
Eso es comunicación en estado puro. Una idea que empieza en discursos, se instala en el primer libro blanco de política exterior de Fiyi, llega a la Asamblea General de la ONU y termina firmada por dieciocho líderes regionales. El artículo muestra, casi sin proponérselo, que la paz se construye primero como relato y después como institución.
Lo más aprovechable que trae es el Pacific Way, y dentro de él el talanoa: una forma de conversación fiyiana, samoana y tongana donde los participantes fijan los parámetros y nadie llega con el acuerdo previsto de antemano. Es una práctica de vínculo. Quien trabaje relacionamiento comunitario debería mirarla con atención.
Ahora, dos observaciones. Los autores hacen algo que muchos no hacen: declaran que el Foreign Office británico financió sus viajes a Fiyi, que una de las autoras estuvo comisionada en esa misma cancillería produciendo informes sobre el Pacífico. Esa transparencia se agradece.
Por lo mismo cuesta entender la decisión metodológica. Las veinte sesiones de escucha, advierten, "informaron nuestro pensamiento pero no se citan ni parafrasean directamente en ningún punto". El trabajo de campo queda en el método y no en la evidencia: el lector tiene que confiar. Lo segundo es de otra naturaleza. La sospecha de peace washing—usar el lenguaje de la paz mientras la militarización de la región aumenta y Fiyi firma un nuevo pacto de defensa con Estados Unidos— aparece en un párrafo, al final. Eso da para otro artículo. Qué ganas de haber visto más pluma en eso.
Con todo, lo recomiendo, porque deja abierta la pregunta que a mí me ocupa: quién puede declarar la paz, y qué se le exige a quien la nombra.
McInerney, W. W., Farran, S., Posada-Téllez, A., Gill, S. R., Owen, M., Imoh, C. y Fairey, T. (2026). Fiji's proposal for an 'Ocean of Peace' in the Pacific: analysis and reflections from a peace studies perspective. Global Change, Peace & Security, 37(2). https://doi.org/10.1080/14781158.2026.2616723
Versión de acceso abierto (manuscrito aceptado, repositorio de la Universidad de Newcastle): https://eprints.ncl.ac.uk/file_store/production/310486/89CC2941-05C6-4772-AC58-6768888F2023.pdf